Boletín de Recursos Humanos - Número V - Año II
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Un lector de Perú - DD- me
escribió preguntándome por qué en la Administración Pública es más fuerte la
resistencia al cambio.
Esta es una pregunta algo
retórica, que da por sentado algo que habría que demostrar, esto es que la
resistencia al cambio es más fuerte en la AP que en otras instituciones.
Yo dudo de esto y más bien
pienso que los seres humanos pertenecientes a una misma cultura nacional
tienen, con las varianzas normales en una sociedad, la misma poca o mucha
resistencia al cambio, ya trabajen en la AP ya lo hagan en una Empresa privada.
La población de una misma cultura tiende a distribuirse en porcentajes
similares sobre un continuo que va desde una franca apertura a una dura
cerrazón, de acuerdo a como nuestras estadísticas de características DISC nos lo han demostrado. De acuerdo a éstas el
corrimiento va en el sentido D-I-C-S, siendo las personalidades D las más
abiertas y las S las más tradicionalistas.
Por cierto se pueden
observar, en una misma población, diferencias debidas a la residencia en
grandes ciudades o pueblitos periféricos, estando los habitantes de las
primeras más acostumbrados a experiencias variadas y resultando por tanto más
dispuestos a los cambios.
Para dar por sentado que los
empleados en la AP son más resistentes que otros a los cambios deberíamos
suponer o bien que son en general originarios de pequeños pueblos ( ¡ y -hipótesis
absurda- todos S ! )
o bien que toda la franja de población que ingresa a la AP- sea cual sea su
origen - está compuesta por
personalidades de tipo S, esto es que son todos precavidos tradicionalistas.
Puedo asegurarles que no es
así. En nuestros estudios de personalidades en la AP, en diferentes lugares, hemos
encontrado que la población está dividida en varios tipos, igual que en cualquier
otra actividad. Por otra parte también personalidades de tipo diferente al "S" pueden volverse reacias a los cambios que otros quieren imponer, ya porque
no les convienen, ya por que tienen sus propias ideas para imponer.
Sin embargo es posible que DD
tenga una buena parte de razón en su afirmación. El hecho es que, en muchas de
las AAPP, hasta los que usualmente son más abiertos a los cambios tienen bastantes motivos para oponerse a
ellos.
Las AAPP, con contadas
excepciones, consiguen hacer mal hasta las cosas que sería más fácil hacer
bien.
Esto no sucede así por razones constitucionales. En el Siglo
XIX - que puede ser considerado el
inicial de la gran organización burocrática - muchas AAPP fueron modelos de eficiencia,
valga citar a Francia, Austria y Gran Bretaña. El Siglo XX, por el contrario,
ha hecho frecuentemente de las AAPP un gran calderón en el que se mezclan
expertos administradores con desocupados en tránsito y beneficiarios de
prebendas políticas.
En este heterogéneo empaste
los segundos jamás tienen una motivación que no sea su interés personal - el
consabido cuidar la quintita - y los primeros
pierden rápidamente la suya ante la imposibilidad de mover al elefante. A lo largo de los años hemos conocido en la
AP a funcionarios que trataban de desarrollar sus tareas con el mayor empeño, a
pesar de saber de la inutilidad de sus esfuerzos, y otros que daban parte de
enfermo tres de cada cinco días, sin que nadie se atreviera a protestar. Los
empeñosos aguantaban hasta que eran
despedidos o tenían que rendirse a la inoperancia general. Los enfermizos
muchas veces ascendían en la carrera. ¡Sería interesante averiguar cuántos
Ministros para la Reforma del Estado han fracasado en su objetivo!
No se trata entonces siempre
y sólo de resistencia al cambio, sino de falta de motivación. La motivación es
el motor que todo lo activa y su falta el freno que todo lo bloquea. Si las
AAPP se ocuparan algo más de este tema verían sus inversiones multiplicarse en
beneficios.
En realidad los empleados de
las AAPP oponen la resistencia a los cambios que creen que pueden perjudicar
sus privilegios o seguridad. Por ejemplo, cambiar los procedimientos habituales
y bien conocidos utilizados para realizar una tarea puede representar un riesgo
o una incomodidad. ¡Entonces es mejor no cambiar!
Cuando ellos se preguntan qué
ganancia sacan con cambiar, es probable que se contesten que ninguna, a pesar
de las tentativas de complejas demostraciones desde arriba de la jerarquía.
Nada los motiva a cambiar. Sería oportuno que las autoridades que quieren
introducir cambios, antes de imponerlos, hicieran una lista de qué van a ganar
los "operadores" a lo largo del camino. El "What's in it for
me?" es tan válido para el personal de la AP como para el de una empresa
privada, aunque esto con frecuencia no se tenga en mente. ¡Pretender que alguien
cambie a su exclusiva pérdida es desconocer las más simples realidades!
No hay duda de que en la AP
hay a veces grupos enquistados en nichos de poder que sólo apuntan a conservar
sus privilegios. Pero en estos casos las responsabilidades son numerosas y no
es éste el tema que nos ocupa, aunque tiene mucha conexión con el nuestro.
Éstas consideraciones
son algo que salta a la vista de
cualquiera que observe el funcionamiento de una AP (¡olvidemos las AAPP de
algunos países soñados!). Pero, si analizamos el tema más a fondo, en lo que
nos permite la naturaleza de este Boletín, podemos hallar numerosos factores,
que operan en forma concurrente o alternativa para despertar oposición:
1) No explicar adecuadamente
en qué van a consistir los cambios
2) Imponer los cambios desde
arriba, sin convocar para su programación a los involucrados
3) Imponer cambios
caprichosos, sólo porque vino un nuevo jefe
4) Falta de política adecuada
de selección de personal
5) Política de ascensos,
sueldos, premios y, en general, de motivación ausente o incorrecta
6) Categorizaciones sin bases
racionales
7) Remuneraciones mezquinas
8) Tratos descorteses o
persecutorios
9) Asignación a individuos de
tareas para las que no tienen ninguna inclinación
10) Falta de fijación de
objetivos claros y concretos
11) Órdenes y contraórdenes
12) Envidias, rencores,
conflictos interpersonales y de poder
Podríamos seguir, pero está
ya lo suficientemente claro que los factores de impacto negativo son
muchísimos. No son por cierto exclusivos de las AAPP. En muchas Empresas
Privadas son tan operantes como en aquéllas. Muchos directivos de éstas, no
teniendo - como no tienen - ninguna diferencia de naturaleza con los de las
AAPP, incurren en sus mismos errores y
abusos. Puede esto resultar menos nocivo porque, en una entidad privada, los
directivos disponen de un mando más eficaz y amenazador y los empleados
enfrentan un peligro usualmente mayor de ser despedidos si se rebelan. Sin embargo todos, públicos y privados,
cuando ven a alguien que se muestra abúlico, lo culpan y critican, sin
preguntarse si la responsabilidad de esa abulia no se halla en algo que ellos
mismos hicieron o dejaron de hacer. Salvo patologías del sujeto de quien se
trate. ¡Pero éste sería otro discurso!
Marino Milella
Escríbanle a Marino: mmilella@counselors.com.ar
* El Dr. Marino Milella es Doctor en Psicología Clínica, Abogado. Especialista en Asesoramiento Jurídico de Empresas (U.B.A.), ex- Profesor de Derecho Comercial (U.B.A. y M.S.A.) y Profesor invitado de Psicología de la Conducta, Master Trainer the Trainers de Carlson Learning Co. MN. U.S.A, Miembro de la A.A.B.T. (American Association for Advancement of Behavior Therapy), Investigador en Psicología de la Conducta Individual y Organizacional, Consultor de Empresas en Sistemas de Gestión de Recursos Humanos y Docente de la Dirección Nacional de Formación Superior del Instituto Nacional de la Administración Pública (I.N.A.P.)